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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Vida de familia

Etiquetas: Desprendimiento, Familia Escrivá, Opus Dei, Familia
Poco a poco, calaba en ellos lo que debía ser su tono de familia. Sin la mano delicada de doña Dolores, esto quizá hubiera sido muy difícil, si no imposible. Los trataba como a hijos, con continuas delicadezas de madre, como guardarles unos dulces o unas golosinas.

Juan Jiménez Vargas merendó a veces en aquella casa. Puede parecer un hecho de poco relieve, pero le ayudó a entender lo que sería auténtica vida de familia en el Opus Dei. Por el tono de distinción humana que había en la casa –aunque era materialmente modesta–, no se advertía a primera vista el sacrificio que estas invitaciones significaban. También así iban aprendiendo a envolver la escasez de medios en formas amables. Juan Jiménez Vargas menciona cómo fue mejorando él personalmente desde un punto de vista espiritual, e incluso en corrección humana, en templanza, en finura de trato: “realmente aquello contribuía mucho a cepillarnos, tanto que algunos podemos decir que aprendimos hasta la buena educación”.

Poco después se comenzó a instalar el primer Centro de la Obra –la Academia DYA–, en un pequeño piso de la calle de Luchana, muy próxima a Martínez Campos, para el que doña Dolores proporcionó muchos elementos materiales de primera necesidad. Pasados los años, bastantes objetos de su casa irían a parar, también, a diversos Centros de la Obra. La familia del Fundador se desprendió incluso de su propia hacienda. Refiere la Baronesa de Valdeolivos cómo en septiembre de 1933 estuvieron todos en Fonz, al fallecer Mosén Teodoro, hermano de don José Escrivá, que era beneficiado de la casa Moner, para disponer la venta de lo que tenían, que no era poco: “Recuerdo que en el Palau, la familia tenía una finca bastante grande. En el pueblo extrañó que quisieran deshacerse de todo. Con el tiempo se piensa más: debió ser muy triste para ellos, pero fue una demostración palpable del desprendimiento de las cosas de la tierra”.

Hubo que trabajar mucho para sacar adelante, a pesar de la escasez de medios, las primeras Residencias de la Obra en Madrid. Doña Dolores velaba también por su hijo y se enfadaba con él, por ejemplo, cuando le veía utilizar zapatos desechados por los residentes y recorrer con ese calzado –viejo, de suelas totalmente gastadas, con grandes agujeros– las calles de Madrid en su diaria labor apostólica. Tuvo que negarse a poner nueva piezas en las sotanas, mil veces ya recosidas.

Después de la guerra civil española –tres años de intenso sufrimiento para toda la familia, en los que doña Dolores guardó, en el colchón de su cama, escritos y documentos de la Obra, con todo el riesgo que suponía–, atendió con su hija Carmen, a ruego de don Josemaría, lo que luego el Fundador del Opus Dei llamaría el apostolado de los apostolados: las tareas domésticas de administración de los Centros de la Obra.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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