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San Josemaría Escrivá
Prelatura personal

Rasgos del espíritu del Opus Dei

Etiquetas: Filiación divina, Libertad, Matrimonio, Opus Dei, Trabajo, Unidad de vida, Vida ordinaria
¿Cúales son los rasgos del espíritu del Opus Dei?

«Ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación», dice San Pablo dirigiéndose a los primeros cristianos. Este mensaje es pues «viejo como el Evangelio y como el Evangelio nuevo». Dios llama a todos los bautizados a la plenitud de la santidad.


"Filiación divina". Obra de Marieta Quesada
La filiación divina: saberse hijos de Dios

«Descansad en la filiación divina. Dios es un Padre lleno de ternura, de infinito amor. Llámale Padre muchas veces al día, y dile -a solas, en tu corazón- que le quieres, que le adoras: que sientes el orgullo y la fuerza de ser hijo suyo».

Un cristiano es un hijo de Dios, en virtud del bautismo. La paternidad de Dios es una verdad revelada por Cristo en el Evangelio y forma parte importante de la doctrina cristiana. Quiso Dios que en el alma de Josemaría Escrivá de Balaguer se grabara esta verdad –ser en Cristo, hijo de Dios- con gran intensidad en un momento concreto: «Aprendí a llamar Padre, en el Padrenuestro, desde niño; pero sentir, ver, admirar ese querer de Dios de que seamos hijos suyos..., en la calle y en un tranvía –una hora, hora y media, no lo sé–; Abba, Pater! tenía que gritar».

Saberse hijo de Dios fomenta la confianza en la providencia divina, la sencillez en el trato con Dios, un profundo sentido de la dignidad de todo ser humano y de la fraternidad entre los hombres, un verdadero amor cristiano al mundo y a las realidades creadas por Dios, la serenidad y el optimismo.

La unidad de vida

«Hay una única vida, hecha de carne y espíritu, y ésa es la que tiene que ser —en el alma y en el cuerpo— santa y llena de Dios».

Los cristianos, hombres y mujeres que viven en medio del mundo, no deben «llevar como una doble vida: la vida interior, la vida de relación con Dios, de una parte; y de otra, distinta y separada, la vida familiar, profesional y social».

Una consecuencia de este modo de vivir es la trascendencia de las pequeñas cosas «La santidad “grande” está en cumplir los “deberes pequeños” de cada instante». Son cosas aparentemente pequeñas, sin importancia, por ejemplo, los detalles de servicio, de amabilidad, de respeto a los demás, el cuidado de las cosas materiales, la puntualidad, etc.. «Hacedlo todo por Amor. -Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. -La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo».


"El trabajo, camino de santidad". Obra de Marieta Quesada
La santificación del trabajo

«Todo trabajo humano honesto, intelectual o manual, —enseña san Josemaría— debe ser realizado por el cristiano con la mayor perfección posible —competencia profesional— y con perfección cristiana —por amor a la voluntad de Dios y en servicio de los hombres. Así, ese trabajo humano, por humilde e insignificante que parezca la tarea, contribuye a ordenar cristianamente las realidades temporales —a manifestar su dimensión divina— y es asumido e integrado en la obra prodigiosa de la Creación y de la Redención del mundo: se eleva así el trabajo al orden de la gracia, se santifica, se convierte en obra de Dios, operatio Dei, opus Dei».

Y «al esforzarnos codo con codo en los mismos afanes con nuestros compañeros, con nuestros amigos, con nuestros parientes, podremos ayudarles a llegar a Cristo». Primero, con el ejemplo personal, y después con la palabra y con el deseo eficaz de contribuir a resolver las necesidades materiales y los problemas sociales del entorno.

Encontrar a Dios en la vida ordinaria

"La grandeza de la vida corriente". Obra de Marieta Quesada
«La vida ordinaria puede ser santa y llena de Dios». Y en esa vida de cada día el cristiano ejercita todas las virtudes: la fe, la esperanza y la caridad, y las virtudes humanas, como la generosidad, la laboriosidad, la justicia, la lealtad, la alegría, la sinceridad, etc. Ejercitando esas virtudes, el cristiano imita a Jesucristo. «El valor sobrenatural de nuestra vida no depende de que sean realidad las grandes hazañas que a veces forjamos con la imaginación, sino de la aceptación fiel de la voluntad divina, de la disposición generosa en el menudo sacrificio diario».


El matrimonio, vocación divina

Entre las realidades ordinarias sobre las que un cristiano corriente debe edificar su santificación, se encuentra, para la mayoría de las personas— el matrimonio y la familia. «El matrimonio no es, para un cristiano, una simple institución social, ni mucho menos un remedio para las debilidades humanas: es una auténtica vocación sobrenatural».

Amor a la libertad personal

"La libertad de los hijos de Dios". Obra de Marieta Quesada
«Estamos obligados a defender la libertad personal de todos, sabiendo que Jesucristo es el que nos ha adquirido esa libertad, si no actuamos así, ¿con qué derecho reclamaremos la nuestra? Debemos difundir también la verdad, porque “veritas liberabit vos”. La verdad nos libera, mientras que la ignorancia esclaviza».

Los cristianos son ciudadanos que disfrutan de los mismos derechos y están sujetos a las mismas obligaciones que los otros ciudadanos, sus iguales y en sus actuaciones obran con libertad y con responsabilidad personal, sin pretender involucrar a la Iglesia en sus decisiones ni presentarlas como las únicas congruentes con la fe. «Los cristianos gozáis de la más plena libertad, con la consecuente personal responsabilidad, para intervenir como mejor os plazca en cuestiones de índole política, social, cultural, etcétera, sin más límites que los que marca el Magisterio de la Iglesia».

Esto implica respetar las opiniones y la libertad de los demás. «Yo defiendo con todas mis fuerzas la “libertad de las conciencias. Hay que respetar las legítimas ansias de verdad: el hombre tiene obligación grave de buscar al Señor, de conocerle y de adorarle, pero nadie en la tierra debe permitirse imponer al prójimo la práctica de una fe de la que carece; lo mismo que nadie puede arrogarse el derecho de hacer daño al que la ha recibido de Dios».