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Bajo su impulso

El Salto, Chile

Etiquetas: Educación, Formación, Servicio, Chile, Josemaría Escrivá, enfermos
En la década del 50, un grupo de personas se unió en la zona Norte de Santiago de Chile, en la comuna de Recoleta, para empezar un dispensario, atendido por voluntarias y un médico que acudía gratuitamente dos tardes a la semana.

Con los años, esta iniciativa se transformó en lo que es hoy el Centro de Apoyo a la Familia y Policlínico, llamado familiarmente El Salto por los vecinos de este poblado sector de la capital.

“Con El Salto”, señala Juanita Arteaga, asistente social y directora del proyecto, “los habitantes de Recoleta y de otros ayuntamientos de Santiago de Chile tienen acceso a una extensa oferta sanitaria: medicina general, con consultas de enfermería y psicología, además de un programa de rehabilitación de alcoholismo y drogadicción. Junto a la salud, queremos dar capacitación laboral a través de talleres, cursos y clases de enseñanza básica para adultos. A partir de 2003, a todos estos servicios se ha añadido el de la atención dental. En total, se calcula que han sido casi 14.000 personas las que han acudido a El Salto”.

Servicios médicos

Entre las nuevas instalaciones, destaca el policlínico, que atiende de lunes a viernes consultas de pediatría, ginecología y reumatología. Se cobra un precio módico, por el que los pacientes tienen acceso a exámenes médicos, medicamentos y, si es necesario, radiografías y escaners. “El botiquín de medicamentos”, señala Arteaga, “es una habitación clave en el policlínico. Gracias a las donaciones que recibimos de algunos laboratorios y de médicos amigos, puedo decir que estamos muy bien surtidos”.

La atención en salud en Recoleta ha mejorado sustancialmente desde aquellos lejanos años 50, dice María de la Luz Parodi, directora del Patronato de El Salto. Por eso, nos hemos planteado potenciar la salud mental y la orientación familiar, porque tienen muy poca cobertura en el sector público. Así, constituidos como un campo clínico de la Universidad de los Andes, aumentamos y mejoramos la atención psiquiátrica y psicológica de niños y adultos. Gracias a esto, el programa de rehabilitación de alcoholismo también ha salido muy beneficiado.

Talleres para aprender, formarse y pasarlo bien

Los talleres de El Salto comenzaron con el objetivo de que amas de casa de la zona recibieran formación cristiana y al mismo tiempo, pudieran capacitarse y tener un ingreso sin abandonar el hogar. Para ellas, la tarde que pasan semanalmente en los talleres es un momento muy agradable que comparten con sus vecinas y descansan aprendiendo lo que les gusta, como pintura, costura y peluquería. Valoran mucho la formación espiritual que reciben.

"Venir acá es muy bonito, se aprende y también se saca provecho de las charlas espirituales que nos dan", afirma Julia López. "Soy del sector y desde hace años participo en los talleres. El año pasado empecé con pintura. No sabía nada, pero ahora mi familia me pregunta dónde compré el cuadro”, dice riéndose.

Natalia venía cuando era pequeña al médico. Ahora, trae a Sara, su hija de cuatro años y ella asiste al taller de pintura. “He aprendido bastante, pero lo que más me gusta son las charlas, porque dan justo en el clavo: cuando uno anda desanimada, la tiran para arriba”.

María Esperanza ya está en su cuarto año de pintura. Está copiando un paisaje europeo, “pero como estamos en Chile, le voy a hacer una casa chilena”, afirma con seguridad. Confiesa que al morir su mamá le vino una fuerte depresión, pero que gracias al taller, “se me pasó la pena porque la compartí con mis compañeras. Viví el duelo con ellas”.

“Nos acostumbramos a hacer las cosas bien hechas", afirma Alicia, alumna de Decoración y cortinajes. "Nos sentimos felices de ver lo lindas que se ven nuestras casas con las cortinas que aprendemos a hacer aquí”.

“Reconozco que aquí se nota la influencia de San Josemaría”
Todas aseguran que no dan ganas de irse cuando llega la hora y amenazan, entre risas, que este verano no dejarán tomar vacaciones a la profesora.

Ahora sé dónde bajarme en el metro

Hace dos años, Clotilde no sabía leer ni escribir. Hoy es alumna de la escuela básica del Centro de Apoyo a la familia El Salto, que desde los años 50, da la posibilidad de completar la enseñanza básica a mujeres que no pudieron estudiar en su niñez.

“Esto es como un despertar", dice, "ahora sé donde bajarme en el Metro y a donde ir en el hospital, sin depender de los demás”.

“La más joven de las alumnas es una adolescente que está completando su 5° básico, debido a que por problemas de salud no pudo continuar en su escuela”, cuenta Carmen, la profesora que ha dedicado los últimos veinte años a enseñar a mujeres de la tercera edad y a jóvenes que no pudieron seguir en el colegio, ya sea por una temprana maternidad o por enfermedad.

“Reconozco que aquí se nota la influencia de San Josemaría,” dice Anita Pereira, pediatra, que desde hace 15 años trabaja todas las mañanas en El Salto. “Se nota el cuidado de los detalles en el trabajo y en la dignidad con que se atiende a las personas, que se sienten tratadas con cariño, en un lugar agradable, limpio y ordenado”.

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